sábado, 7 de enero de 2012

Motivación

Cuantas más estrategias lectoras utilicemos, antes el niño aprenderá a leer. Así cuantos más ejercicios, actividades, procedimientos, modelos (en este caso el cuento de Tomás) ,que bajo la apariencia formal de juego lector con el lenguaje, acercan a los niños a una animación y motivación lectora. Lo importante es crear la necesidad de la lectura como una manera de entrar y enriquecerse con el mundo y sus maravillas. Por eso debemos favorecer el proceso lectoescritor con una metodología variada y activa para promover un aprendizaje significativo. También generar un clima comunicativo y de confianza en el niño y, de esta manera, prepararlo para poder imbuirse de la cultura en esta sociedad del conocimiento que avanza a pasos acelerados.

lunes, 28 de noviembre de 2011

LEER

APRENDIZAJE DE LA LECTURA. En los últimos años se ha producido un enorme avance en el campo de la lectura a nivel de investigación, especialmente desde el enfoque de la Psicología Cognitiva que se dedica a conocer el funcionamiento de los procesos mentales que intervienen en la conducta humana. Desde este enfoque, se ha podido determinar cuáles son las operaciones que intervienen en la lectura y sus funcionamiento. Estos conocimientos tienen unas implicaciones importantes en la comprensión de los trastornos así como en la enseñanza de la lectura.Algunos autores distinguen una serie de etapas por las que el niño va avanzando hacia su formación lectora. Estas etapas suelen referirse principalmente al proceso de reconocimiento de palabras que es el proceso clave de la lectura. Es de hecho el que más tiempo de aprendizaje requiere y en el que se producen los principales trastornos de lectura. El objetivo básico a conseguir cuando se trabaja este proceso es el de desarrollar las rutas visual y fonológica.. A medida que los niños van conociendo las reglas de conversión grafema-fonema pueden ir haciendo uso de la ruta fonológica. Al mismo tiempo el hecho de encontrarse con palabras que se repiten una y otra vez posibilitará el que vayan formando representaciones léxicas para esas palabras.Antes de aprender a leer en sentido estricto, esto es, antes de que pueda transformar los signos gráficos en significados ( o en sonidos cuando se trata de leer en voz alta), el niño de cuatro o cinco años ya es capaz de reconocer un pequeño grupo de palabras familiares. Estas palabras las reconoce globalmente valiéndose de la forma de su contorno y del contexto en el que aparecen. Así puede reconocer la palabra coca-cola escrita en la botella o su propio nombre bordado en el bolsillo de su mandilón.Esta estrategia de reconocimiento de palabras es útil cuando las palabras a reconocer forman un grupo pequeño y con rasgos bien diferenciados, pero a medida que incrementa el número y empiezan a aparecer palabras con formatos más similares ( que sólo se diferencian en una o dos letras) su efectividad se va reduciendo.Con la enseñanza sistemática de las reglas de conversión grafema-fonema el niño inicia su entrada en la fase alfabética. Ello significa que tiene que ser capaz de segmentar las palabras en sus letras componentes y de asignar a cada letra el sonido que le corresponde.. Además el niño tiene que llegar a darse cuenta de que los sonidos siguen un orden determinado en cada palabra. Finalmente tiene que aprender a unir estos fonemas para formar el sonido global de la palabra.La etapa alfabética no es nada sencilla de superar, pues exige asociar unos signos abstractos con unos sonidos con los que no parecen tener ninguna relación. Algunos niños a pesar de un gran esfuerzo, siguen confundiendo durante mucho tiempo algunas reglas de conversión grafema a fonema.Cuando el niño aprende las reglas de conversión grafema-fonema se dice que sabe leer. Pero no se puede decir que es un lector hábil. En la etapa ortográfica, los lectores identifican cada una de las letras que componen la palabra y de hecho detectan en seguida si se produce algún error en su orden.El castellano es una lengua perfectamente transparente en cuanto a la lectura ya que todas las palabras se ajustan a las reglas grafema-fonema. Hay que señalar que por las peculiaridades de nuestro idioma los niños hacen un mayor uso de la ruta fonológica y acceden primero a esta vía que los niños ingleses.La capacidad para utilizar las claves sintácticas se va perfeccionando cada vez más a medida que el niño va desarrollando su lenguaje. Hay algunas claves sintácticas que son específicas de la lectura y que los niños tienen que aprender para poder comprender los textos escritos.En los primeros momentos de la lectura los niños leen monótonamente, como si se tratase de series sin ninguna relación. Una buena forma de acostumbrarle a hacer las pausas es haciendo frases cortas y colocadas en líneas diferentes. También indicarles las pausas medianas mediante claves externas: por ejemplo, una flecha dibujada con rotulador en el lugar donde debe segmentar, una separación mayor, etc.Se dice que si un niño no consigue aprender a leer es porque no ha alcanzado la suficiente madurez lectora. Pero :¿Cuál es la edad óptima para empezar a leer?, ¿qué conocimientos y habilidades debe disponer el niño para que no se produzca el fracaso?, todas ellas discutidas por psicólogos y educadores.El sostener que los métodos fonéticos son los más adecuados para aprender a leer no impide que en determinados momentos se aconseje el método global. El hecho de poder ”leer” unas cuantas palabras le anima a profundizar en esta nueva estrategia. Pero después de que el niño comienza a leer por la ruta fonológica ya no necesitará una enseñanza específica para leer por la ruta visual. La ruta fonológica, en cambio, exige el conocimiento de las reglas que permitan traducir cada una de las letras o grupos de letras en sus correspondientes sonidos. En consecuencia, cualquiera que sea el método por el que el niño aprende a leer, antes o después tendrá que aprender las reglas de conversión grafema a fonema. Los defensores del método global pueden sostener que los niños solos, sin ninguna enseñanza específica, pueden llegar a descubrir las relaciones letra-sonido. Esto es cierto en lo que se refiere a niños de cociente intelectual alto, pero la mayoría de los niños necesitan instrucciones directas sobre estas relaciones. La teoría de la lectura postula que es una interpretación del mundo. Lo que hacemos al leer es echar un vistazo al mundo e intentar determinar lo que en él sucede. La lectura en beneficio propio no existe, está siempre referida, eventualmente, a algo que podemos hacer con otras personas. La lectura como dijo Freire es una forma de teorizar acerca del mundo.Leer comprensivamente es una actividad tremendamente compleja. En definitiva la lectura sólo es posible cuando funcionan adecuadamente un buen número de funciones mentales. La actividad de lectura conlleva un elemento social. De ahí la importancia del análisis socio-histórico de la lectura para entender lo que significa re-mediar dicha actividad en ciertos niños; es al mismo tiempo, una buena guía de las condiciones requeridas en primera instancia para la adquisición de la lectura.La re-mediación alude a un giro en la forma en que los dispositivos mediadores regulan nuestra acción coordinada con el entorno. El enfoque socio-histórico habla de actividades básicas y busca implementar aquéllas que sean necesarias y suficientes para llevar a cabo el proceso global de lectura en las condiciones generales de aprendizaje.Cuando creamos esos contextos de enseñanza, comprobamos que los mismos niños que antes no sabían leer lo consiguen. La lectura es re-mediadora exige una reorganización del sistema social.María luisa Gantes Peña.

sábado, 13 de febrero de 2010

लीर

¿Cómo aprenden a leer los niños de cuatro y cinco años?

Es importante desarrollar el lenguaje oral como elemento previo para aprender a leer, para ello se deben crear situaciones comunicativas. Es necesario partir de un ambiente cercano, rico de estímulos y de intereses para los niños.

Se puede motivar a los niños con la lectura de cuentos, tanto de cuentos tradicionales como de cuentos más actuales. Partir de un ambiente cercano puede estimular al niño para que se interese por la lectura. Se puede crear un hábito lector aunque para los niños leer consista en observar imágenes e intercambiar tantas, tantas palabras.

Otra de las estrategias para aprender a leer seria partir de los nombres de los niños de la clase. Hacer carteles con el nombre de cada niño (a colores y estimulantes)y ponerlo en un lugar relevante de sus mesas. Una vez identificadas las palabras con los fonemas trabajados de forma oral, se realizaría la lectura y escritura de palabras con los fonemas trabajados.

Se aprende a leer dentro y fuera de la escuela. Para enseñar a leer lo que importa es la adquisición que hace el niño de símbolos y significados.
Cuantas más estrategias lectoras utilicemos, antes el niño aprenderá a leer. Lo importante es crear la necesidad de la lectura como una manera de entrar y enriquecerse con el mundo y sus maravillas.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

DICCIONARIO PARTICULAR


Mi gran amigo Manuel Cortés Blanco, escritor que os recomiendo, me envía este pequeño diccionario. Yo creo que seguro que al menos alguna de sus definiciones os llegará al corazón, como me ha llegado a mi.
Su último libro es buenísimo (MI PLANETA DE CHOCOLATE. Ed. Irreverentes).

Cada cual tiene su propio diccionario, su propia medida de la realidad. En ello radica la grandeza del hombre: sin variedad no hay culturas. Con la pretensión de ser objetivo, aprovecho mi literatura para definirme en ese marco de entendimiento. Y redefinirme constantemente, a sabiendas de que quien no evoluciona, involuciona. Así suenan mis voces:

Adolescencia: Festival de hormonas que incita a probarlo todo.
Amistad: Sentimiento que no es llama, sino luz; declarado en peligro de extinción.
Amor: Sentimiento que en cualquiera de sus formas está más dentro de ti que tus entrañas. Por eso, jamás podrá extinguirse.
Avaricia: Casi todo es casi nada.
Beso: Unidad mínima de amor.
Camino: Gerundio de tantos verbos, incluido caminar.
Consejo: Cuando debas elegir entre dos opciones, toma siempre la que tenga chocolate.
Envidia: Pecado que si es de otro realza nuestro éxito.
Error: Acción que penalizamos en vez de analizar.
Escribir: Pintar de imaginación un folio en blanco.
Idea: Sustento de cualquier cambio. Tenerlas puede ser malo; no tenerlas, peor.
Inocencia: Virtud que nos faculta para jugar.
Juventud: Espíritu rebelde, alma enamorada, corazón valiente.
Magia: Hacer posible lo imposible.
Mentira: Excusa del cobarde.
Morriña: Añoranza de quien no extraña tanto su tierra como su infancia.
Música: Arte de hacer bailar al corazón.
Perdón: Palabra que más se dicen dos personas que se aman. La segunda es te quiero.
Poesía: Sueño plasmado en papel.
Rencor: Amor mal administrado.
Risa: Unidad mínima de humor.
Soledad: Carencia voluntaria o involuntaria de amistad.
Vida: Cigarrillo que consumes con placer, aun a sabiendas de que acaba matando.
Yo: Voz que contigo se convierte en nosotros.

martes, 17 de noviembre de 2009

ESTAR ENCAMADO


LOS ENCAMADOS
Un curioso fenómeno nos trae a “El bosque de las palabras”, la noticia de que aún existen personas a las que llaman “Tumbados”. Estas personas son gente normal, hasta que una mañana deciden que no se levantarán nunca más de la cama. Aparentemente no padecen ninguna enfermedad que les impida la deambulación, pero simplemente, desde esa fecha fatídica, no vuelven a levantarse más.
Los franceses inventaron el término “encamado”, que se utiliza aquí en los medios sanitarios, pero también se les llama tumbados o acostados.
Como afirma el escritor Luis Landero, “no son holgazanes, ni neuróticos, ni siquiera son simples enfermos imaginarios”, sino que son personas que un buen día optan por suspender su actividad social y se abandonan espléndidamente a la inacción”.
En muchos casos esta situación dura toda la vida, hasta el final de sus existencias, aunque también existen casos en los que un buen día, después de diez, quince o veinte años, el tumbado abandona la posición horizonta, y sin mediar más palabras, recupera la vertical, como si se levantase una manaña cualquiera, y vuelve a sus actividades cotidianas sin más.
Normalmente estas personas no suelen dar muchas explicaciones de lo que les lleva a tomar esta actitud con la vida y simplemente viven, desde un momento determinado, de esa manera, suspendiendo sus actividades para sorpresa y desgracia de sus familiares.
Se les ha asociado a una cierta clase social o nivel cultural, pero como casi siempre pasa con los intentos clasificatorios, nunca terminan de cumplir con estas normas, y el fenómeno se da en cualquier estrato de la sociedad. Y tampoco el nivel cultural es ninguna vacuna contra esta especie de enfermedad.
Hay muchos casos de gente así, la mayoría de ellos anónimos, pero nos hemos encontrado con estas personas en “el bosque de las palabras”, indagando y buceando en la vida de los escritores, que son los personajes de nuestro programa. El ejemplo más famoso es el del escritor Juan Carlos Onetti, al que la gente aficionada a la literatura conoce como aquel escritor que escribía desde la cama. Se cuenta que su perro, cuando Onetti se incorporaba, se extrañaba y le mordía la pernera del pijama, como recordándole que tenía que estar acostado como siempre.
Pero con los escritores pasa un poco como con los libros, que te van llevando de uno a otro y ya nunca puedes parar. Al parece Onetti, tomó ejemplo, en lo del encamamiento, del que decía que fue su maestro, Valle Inclán que, al igual que Unamuno, recibían a las visitas desde la cama. Pero lo curioso es que Onetti, siguió escribiendo sin parar desde la cama y sus obras no sufrieron ninguna consecuencia por la horizontalidad del autor, sino que incluso ganaron en intensidad durante esa época.
Y de Onetti, dimos el salto en el programa de radio a Marcel Proust, otro encamado y otro caso increíble de retirada de la vida social, abandonando la visión del horizonte, por la del techo de la habitación. Y esto me recuerda, la posición en la que se llevan a cabo las sesiones de psicoanálisis, tumbados en el famoso “diván”, cuestión de la que Freud, que habló de casi todo, también explicó su importancia, para que el paciente perdiera por un rato su referente espacial, y pudiera airear su inconsciente. Quizás, quién sabe, estos escritores, descubrieron este curioso detalle del psicoanálisis, y utilizaron la posición de “tumbados”, para abrir la puerta de su inconsciente.
Pero de los autores literarios, podemos saltar a los propios personajes. El mejor ejemplo, recuérdenlo ustedes, es el de don Quijote, que en la maravillosa novela también se encamó, y según cuentan, su creador, don Miguel de Cervantes, hizo lo mismo.
Otro de los personajes literarios famosos encamados es Edgardo de la obra de teatro “Elosia está debajo de un almendro” de Jardiel Poncela. Nos cuenta el autor que Edgardo llevaba en la cama veintiún años nada más y nada menos. Incluso viajaba en tren en su propia cama. Imagínense.
Y como la cama es lugar de placer y descanso diario, pero estos personajes la convierten en lugar de resistencia y de viaje interior, estoy pensando en pedirle a la dirección de la emisora Radio Morata, que me instalen en los estudios una buena cama, para desde allí, tumbado, hacer “El bosque de las palabras”. No sé como andarán de presupuestos en la asociación cultural, pero yo siempre he oído que, estar en la cama es de las cosas que salen más baratas. Así es que a ver si lo consigo.